8820 km . Taskhent .

Alicia y Ludovic son profesores en una universidad coreana en Tashkent. Ella es americana y él francés. Su trabajo les proporciona una casa de dos plantas para cada uno con piscina comunitaria en la ciudad. Desde que crucé el Caspio no había estado en una casa así. Ya no recordaba lo placentero que puede ser un aire acondicionado.
Baku y Victoria, unos locales amigos de la pareja se ofrecen a acompañarme para reparar la bici. Las distancias son enormes y tras horas de aquí para allá en el coche de Baku, acabamos en un enorme bazar. Damos con una gigantesca nave poco iluminada llena de componentes de bici. No me dejan hacer fotos. Todos me señalan a Ruslan como el master de la zona. Necesito cambiar la rueda trasera, los neumáticos, los platos, los piñones, la cadena y el cambio. Me cita a las siete de la tarde cerca de donde vive Alicia. Llega tarde y en bici, le sigo hasta un pequeño garaje en una calle sin luces y alli por fin parece que vuelvo a tener una bicicleta en condiciones. Más me vale, ahora vienen las montañas de Kyrgyzstán.2015-06-15_11.39.39 2015-06-15_11.39.02 2015-06-15_11.40.15 2015-06-15_14.00.13

8820 km . Samarkand. Jizzakh . Tashkent

Cruzo los dedos para que la bici me aguante hasta la capital donde le haré una puesta a punto. Son 275 km y la carretera no es mala pero a la mitad ya me faltan ocho radios. Me niego a subirme a un camión y continúo con el bamboleo que tiene una bici con radios rotos. Por cabezón uno de los radios rotos engancha el cambio y lo hace trizas. Es de noche. Estoy en medio de una subida con la luz frontal en la cabeza y otra vez arrastrando la bici. Durante diez larguísimos kilómetros hasta que llego a un restaurante 24 horas cerca de Jizzakh. Son las once de la noche y llaman a Kamol, el profesor de inglés del pueblo. Al rato llega y le explico lo sucedido y si sabe de algún taller. No hay taller ni tienda pero si el bazar de segunda mano. Duermo en el restaurante y al siguiente día bien temprano me pasan a recoger para ir al mercado. Las piezas que me ponen me permitirán llegar a Tashkent no sin antes pinchar cuatro veces por el desgaste de mis neumáticos.2015-06-15_11.33.55 2015-06-15_11.35.35 2015-06-15_11.34.58 2015-06-15_11.31.39 2015-06-15_11.24.04 2015-06-15_11.30.17

 

8545 km . Bukhara . Samarkand

Llamo a Sherot, el chico que conocí en Nukus, que vive en Bukhara. No me puede alojar pero me hará de guía turístico. Él y su amigo Ibod pasan conmigo todo el día. Hablamos de las tradiciones uzbecas y de que manera siguen bien arraigadas a los tiempos modernos. Las madrasas, bazares, palacios y mezquitas de la ciudad rememoran la importancia de Bukhara desde el prisma religioso hasta el comercial en la famosa ruta de la seda.

El camino hacia Samarkand, la tercera ciudad del triángulo del Oro de Asia, es verde y plagado de plantaciones. Burros tirando de carretillas hasta los topes, bicicletas aguantando el equilibrio cargando todo tipo de cosas, camiones soviéticos hasta las trancas de paja… Cuando cae la noche duermo en las casetas de los campos que tienen para protegerse del sol. En ocasiones si hay alguna casa cerca me traen comida y té.
Tres días después estoy en Samarkand. Me hospedo en casa de Zafar, un joven empresario de 30 años con mujer y dos hijos. Es enriquecedor hablar con él. Sus padres le concertaron un encuentro con su actual esposa y a las dos semanas ya estaban comprometidos, al mes casados. Al ser el hijo varón menor tiene que vivir con sus padres en su casa. Me dice que las tradiciones siguen siendo muy fuertes en el país aunque cada vez hay más mujeres exigiendo derechos igualitarios. No le gusta y culpa a la televisión rusa de llenarles la cabeza con fantasías de amor y promiscuidad. Es un anfitrión extraordinario.

2015-06-05_23.31.552015-06-06_21.50.232015-06-06_21.56.052015-06-06_22.01.212015-06-06_22.06.252015-06-15_11.36.172015-06-15_01.13.452015-06-15_11.29.062015-06-15_10.56.402015-06-15_10.53.402015-06-15_11.05.13