10000km Osh . montañas. Bishkek

Para llegar a Bishkek la capital tengo que cruzar las montañas de sur a norte haciendo dos pasos de más de tres mil metros. La aproximación a los pasos es sensacional. La carretera va colgadaa de inmensas montañas siguiendo el curso de un río enorme de agua turquesa. La ascensión es suave pero continua. Voy acampando donde encuentro un llano. Al llegar al lago de la reserva de Toktogul lo bordeo hasta KaraSuu donde paso dos días ajustando la bici. El eje del plato se afloja y los pedales bailan hacia los lados. A base de martillazos me lo intentan arreglar. Va a ser peor el remedio que la enfermedad. Nadie sabe de bicis en el pueblo. Desmontamos, tratamos de apretar, estiramos de cables… conseguimos que casi no tengan juego los pedales pero pierdo el plato grande y las marchas saltan de vez en cuando. Mientras aguante así me conformo.
Empiezan las etapas de subidas criminales.
Para llegar a el primer paso de 3175 mts la subida se extiende durante 70 kms y la pendiente varía entre el 5 y el 12 por ciento. Los últimos 5 kms una inesperada tormenta me alcanza. Llueve y sopla un fuerte viento de cara. No quiere que llegue a la cima. Parece hecho a propósito. Demenciales los ultimos 5 kms. Tardo casi una hora en recorrerlos. Hace un frío que pela. Está nevado y tras cruzar el paso me meto en una yurta para entrar en calor. Pierdo un poco la noción del tiempo y al salir de la casa nómada ya ha anochecido. A oscuras, lloviendo y con mucho frío monto la tienda en lo que me parece ser la ladera de una montaña. Por la mañana sin el viento ni la lluvia el sol me hace sudar dentro del saco desde bien temprano. Resulta que he acampado en un lugar precioso y no tenía ni idea.
Los siguientes setenta kms los empleo en cruzar un valle entre montañas con picos nevados y repletas de yurtas y caballos. Como si de un videojuego se tratase al final del valle se encuentra el monstruo final. El paso de 3530 mts. Para más inri se puede ver como la carretera serpentea escalando la montaña. 20km al 12×100 de desnivel. El peor de los aliados se me une, el viento frontal. A medio camino de la cima y con unas vistas excepcionales de la cordillera sur nevada encuentro a un francés acampado. También viaja en bici. Intercambiamos unas palabras y acampo a su lado. Tiene 53 años, muchas batallas que explicar y mucha, mucha labia. Hasta cuando nos damos las buenas noches me sigue contando historietas de tienda a tienda. Bromas a parte resulta muy enriquecedor conocer a Alain.
Los últimos ocho kms de subida me los meriendo en un santiamén al haber descansado y tomado un buen desayuno. El paso no está indicado, llego a un túnel de unos 4 kms sin ventilación. Mientras lo cruzo la carretera descende un poco… al salir del otro lado doy por entendido que ésa es la cima. Se nota la falta de oxígeno al caminar por la montaña hacia la nieve.
La bajada es alucinante. Más de una hora sin pedalear y clavando freno para no embalarme. Con tanto peso y esa inclinación, 140kilos entre bicicleta más alforjas más Germán y un 12×100 de desnivel, es soltar freno y el cuentakms sube que da gusto. Las montañas se pasan la carretera de una a otra mientras voy bajando. En sus bases la bajada sigue. Entre las gargantas y desfiladeros pasa la carretera y unos rápidos que refresca el ambiente y le pone banda sonora a la etapa. Finalmente salgo de las montañas y entro en el valle de Chuy.

Las avenidas y calles en Bishkek están llenas de enormes árboles que dan sombra. Hay que ir con cuidado con los incontables y profundos socabones tanto en la acera como en la calzada. Al sur sobresalen de entre los edificios las montañas nevadas.  El estilo arquitectónico es soviético. Grandes bloques cuadrados en inmensas plazas. Me choca la gran comunidad rusa que hay en la ciudad y como contrastan en rasgos con la comunidad kirguís.

María, una chica local con raíces rusas me hospeda en su casa. Es nacida en Kirguistán y siempre ha vivido en la ciudad pero se siente rusa. Por lo visto es una realidad muy habitual en el joven país. Me cuenta que la convivencia entre locales con sangre rusa y locales con sangre kirguís no es siempre fácil. Tras unos días decido cambiar de casa para conocer la otra cara de la moneda. Entonces doy con Altynai. Una joven y dinámica kirguisa. Ella no siente esa brecha. Siempre con una sonrisa me muestra con entusiasmo su ciudad mientras espero que me den el visado para China.

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Posted from Bishkek, Chuy Province, Kyrgyzstan.

9300 km . Osh

Algo no anda bien. Me despierto con mareos y al tratar de incorporarme noto dolor en el estómago. No debí beber de aquella fuente. Pozos de más de veinte metros sí. Pero como lo podía yo saber. Me despido del hombre esforzándome por sonreír. Son las seis de la mañana y estoy a 50 kms de Kirguistán. Tardo todo un día en llegar a la frontera. Por el camino me debo obligado a parar y estirarme debajo de un árbol, caseta e incluso en la cuneta del intenso dolor de estómago. Estamos a 38 grados, tengo la cabeza ardiendo y siento frío en la extremidades. Después de tomarme un sobre de sodio con agua y una siesta de dos horas me despierto sin tembleque en las piernas y con más moral.
Llego a la frontera cuando cae el sol. Cruzo los dedos para que no me pidan los registros. En Uzbekistán debes acudir a un hotel como mínimo una vez cada tres días donde te dan un papel sellado, el registro. La pena por no realizarlo va desde los 50 dólares por registro no realizado hasta la deportación. Es un modo de control usado en tiempos soviéticos que no es posible realizar viajando en bicicleta. En un mes he realizado dos registros. No me piden nada de nada, genial. La frontera entre Uzb y Ks está abierta sólo para turistas, los locales no pueden cruzarla. No hay nadie más que yo. Salgo de Uzbekistán y estoy frente a una verja de metal para entrar en Kirguistán pero no hay nadie. Doy voces y meneo la verja. Nada. Pasado un rato un guardia uzbeco llama a el otro puesto fronterizo y me vienen a abrir. El escenario es desolador. Casas, comercios y cambios de divisas abandonados iluminados con los últimos rayos de sol. La policía fronteriza kirguiza me preguntan porque cruzo tan tarde, si soy un espía. Con esos métodos no se les debe escapar ni uno. Osh es la segunda ciudad más grande del país. No hay edificios altos y la ciudad se extiende por todo el valle y alrededor de la montaña sagrada Sulaim Too. No hay alumbrado público y cuando llego quedan pocos negocios abiertos así que voy siguiendo el haz de luz de mi linterna. Un guardia me ha recomendado un gran hotel en el centro. Como bien me ha dicho al verlo sé que es ése. Un enorme y cuadrado dinosaurio soviético. Son cinco euros la noche. El suelo de la habitación de parquet de madera está levantado y al pisarlo baila bajo los pies. La ducha comunitaria es antigua pero funciona bien y hay agua caliente. Puedo decir que mi día ha mejorado desde esta mañana y mucho.

Paso dos días en Osh descansando y planeando la ruta hacia las montañas. La bici hace algún que otro ruido pero no le doy importancia.

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Posted from Kashgar-Kyshtak, Osh Province, Kyrgyzstan.

9250km Olmaliq . Montaña . Katta Turk . Boz . Acaka

Me despido de Tashkent después de comer. Tengo ganas de pedalear y lo hago hasta entrada la noche. Con la oscuridad tardo una hora en encontrar un buen lugar donde dormir. Junto a un río y bajo un árbol hay un viejo “sufá” metálico, una plataforma con forma de cama donde los locales se estiran a tomar el té, comer o descansar. No me doy cuenta que está plagado de arañas y paso las pocas horas que quedan de noche tratando de ahuyentarlas.
Con pocas horas de sueño me pongo en marcha. Hoy toca subir a la montaña. La pendiente es dura pero el tiempo acompaña y echaba de menos este paisaje. A 9 km del paso alto paro a tomar aire junto a una parada ambulante. Una joven y guapa uzbeca la regenta. Compro una especie de dátiles y llega su hermano con la camioneta cargada de flores para el té. Me invitan a dormir en unos bungalovs que alquilan a la gente de la ciudad los fines de semana. Qué lástima no saber ruso. Entre gestos, sonrisas, dibujos y fotos nos comunicamos. El padre está en Rusia con el camión mientras la madre y los diez hijos se encargan del huerto, animales, la pequeña tienda, etc.
Tras un contundente desayuno subo hasta los 2300mts, qué maravilla después de tanto desierto. En la cima hay una base militar. Para cruzar dos túneles me piden cinco veces el pasaporte. No le encuentro ningún sentido pero son simpáticos. Luego 40 kms de bajada hasta un restaurante de pescado que hacen el negocio del día conmigo. Achicharrado por el sol y asfixiado por el calor no pregunto el precio. La comida más cara en Uzbekistán, diez euros. A partir de ahí empiezan los problemas. Tengo la rueda pinchada, le pongo un parche y sigo. Ahora voy por el valle de Fergana. Es llano y la carretera un gustazo. Lleno de insectos que revolotean a mi alrededor y algún kamikaze que impacta contra mis gafas. La rueda que he reparado hace 50kms vuelve a deshincharse. Paro, le doy aire, hago cinco kms y otra vez. Repito la operación tres veces hasta que en un campo diviso una fantástica cama de madera. Cruzo un riachuelo por una tubería de riego haciendo equilibrios hasta el campo y vuelvo a reparar el pinchazo. Sólo me queda un parche. Anochece. Me preparo la cena y de la oscuridad aparece un hombre reclamando de buenas maneras esa solitaria cama. Planto la tienda a pocos metros de la cama y de mañana compartimos desayuno, pan, tomates, pepinos y té.
De poco sirve que cruce los dedos. A los pocos kms vuelve a deshincharse mi rueda. Qué carajos hago mal? Repito la operación de ayer. Hinchar y pedalear hasta que pierda el aire. La cuarta vez que me bajo de la bici es para parar a una camioneta, a 30 km hay un pueblo. Un mecánico de coches me repara la pérdida de aire y me fija un radio que parece ser el culpable de tanto pinchazo.
A cincuenta kms de la frontera con Kirguistán un hombre me ofrece pasar la noche en su casa. Me parece buena forma de pasar la última noche en el país. Tiene mujer y tres hijas pero sólo las veo de reojo cuando se acercan a la puerta del salón para dejarnos ahí la cena. Frente a su casa nos juntamos varios hombres y jóvenes. Alumbrados con la luz de un móvil intentamos comunicarmos. Me sé de memoria las típicas preguntas y las fotos del móvil siempre ayudan. Un sonriente chico sordo de 20 años mediante gestos me pregunta y es con el que la comunicación es más fluida. Pasada la medianoche entramos en el salón y el hombre extiende varias mantas sobre el suelo. Dormimos ambos en la misma sala uno al lado del otro.

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Posted from Andijan Province, Uzbekistan.