81. China

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11600 km . Kaxgar . Urumqi . Lanzhou . Xiahe . Chengdu . Yaan

 

He entrado a China por la provincia de Xinjiang. La más grande y desértica del país. Los 90 kms que me separan de Kaxgar se me pasan volando. En parte por las ganas de llegar a una ciudad china. No tardo en percatarme que circulo por una autopista. Paso varios peajes ante la atónita mirada de los controladores. No veo ruta alternativa en el mapa por lo tanto sigo.

Menuda sorpresa al llegar a Kaxgar. El 90% de la población es Uyghur. Un grupo étnico con raíces turcas. Son musulmanes y usan el alfabeto árabe. Las mujeres visten vestidos de colores alegres y se cubren la cabeza. Los hombres usan un sombrero distintivo.

La ciudad aunque no llega al medio millón de habitantes tiene un ritmo trepidante. La vida se hace en la calle. Artesanos de todo tipo de ganan la vida trabajando con las puertas abiertas. La comida callejera es deliciosa y el precio de risa. Las facciones de los locales no son asiáticas y tienen la tez oscura.

Debido al gigantesco tamaño de China y que mi visa es de tan sólo un mes decido coger un tren hasta Lanzhou. Dos horas y media de cola después tengo los billetes. Iré hasta Urumqi y de allí a Lanzhou. 3200 kms de recorrido. Un día antes de salir envío la bicicleta y maletas en otro tren tipo Cargo.

El viaje dura 42 horas. Las 20 primeras sentado en un vagón en el que se venden más billetes que asientos libres. Un único lavabo que nadie pasa a limpiar en todo el trayecto. Y un ambiente que mezcla el exceso de personas, el humo de los fumadores y el tiempo del reloj. Las últimas 22 horas dispongo de litera y me las paso durmiendo.

Con los pies en Lanzhou, un poco aturdido por el viaje, voy a recoger la bici y alforjas pero me dicen que pase mañana porque aún no han llegado. La misma historia se repite los dos días posteriores hasta que reconocen no saber dónde están mis alforjas. Por lo visto la bicicleta la tienen pero las maletas han ido a ”quién sabe dónde”. Una situación desmoralizadora. En las alforjas lo tengo todo. No saben dónde están ni cuándo sabrán dónde están…ni si las encontrarán.

Ante tal panorama me voy a Xiahe para darles tiempo. Es un pueblo tibetano a cuatro horas en autobús de Lanzhou. Allí está el monasterio Labrang donde viven 2000 monjes, el mayor monasterio budista fuera del Tibet. Los tres primeros días me quedo en la habitación del albergue con fiebre, pensando que sólo debería estar permitido enfermar estando en casa de uno. Medio repuesto visito el pueblo. La gran cantidad de turistas le roban parte la esencia de lo que debería ser un lugar de meditación y rezo. Los turistas son chinos de otras provincias. Las escenas de aglomeraciones para tomar fotografías se repiten en cada esquina. Sólo tras un corto e intenso chaparrón las calles se quedan vacías y Xiahe recupera la tranquilidad.

Regreso a Lanzhou y hay noticias sobre mi equipaje. Está 1000 kms al sur, en Chengdu. Tardaría unos tres días en llegar. Decido ir yo a buscarlo. 17 horas de tren. Esta vez durmiendo en el vagón de la cafetería, mucho mejor que en el de pasajeros.

Chengdu me recibe con lluvia. Recojo bicicleta y alforjas y voy al hostal. Lamentablemente aún no estoy recuperado y el cansancio y el agua me provocan una recaída. Otra vez malo. Cinco días de reposo. Qué está pasando! Para más inri el pasaporte me caduca en menos de seis meses no permitiéndome entrar en otro país. El consulado más próximo está a 1800 kms y tardan un mes en renovármelo. No es viable porque en ese tiempo ya me habrá caducado el visado chino.

Decido pasar los últimos días en China por las montañas cercanas al Tíbet y luego coger un avión desde Chengdu a Madrid. El plan es bueno pero el tiempo y las frondosas montañas lo complican.

Salir de Chengdu con la bicicleta me lleva casi todo un día. La ciudad nunca se acaba. Viven 14 millones de habitantes y las vías rápidas para salir de la urbe sólo son para coches. Cansado de estar en un laberinto me meto por la autopista. Una vez alejado del centro salgo de la vía de manera poco ortodoxa y repesco una carretera nacional. Acampar parece imposible. Todo el suelo está ocupado. Casas y plantaciones. Desviándome por un camino encuentro un pequeño terreno de arena y hierbas. De madrugada llueve y la arena se vuelve barro. Por la mañana un lodo pegajoso y compacto crea una doble suela en los zapatos. Las ruedas de la bici quedan bloqueadas al tratar de sacarla del barrizal. Tengo que arrastrarla varios metros y luego quitarle el barro. Mis pies pesan del cúmulo de lodo. Cuando consigo salir voy hecho un Cristo. Además no para de llover y los impermeables ya no repelen el agua. No tengo más alternativa que seguir. Llueve todo el día. De nuevo acampar es inviable y monto la tienda en un callejón entre invernaderos abandonados. Al tercer día la lluvia es intermitente. Enormes arrozales y más tarde campos de té. Hay gente constantemente. Al final de la jornada el paisaje se vuelve más montañoso y salvaje. La vegetación es exuberante y una nieblina cubre la copa de los árboles. Un pequeño terraplén me sirve para plantar la tienda. Por la noche el ruido de los insectos es ensordecedor.

Al siguiente día parece que esté en una selva tropical. Paredes verdes se alzan a lado y lado de la carretera. La vegetación es tal que los árboles quedan sumergidos en un manto de malezas y plantas. Hay mucha humedad y un suave rocío lo empapa todo. Los valles están ocupados por pueblos que aprovechan el espacio con edificios de treinta plantas y caudalosas presas de agua. Toda la ropa está mojada y con la humedad no se seca. Después de dos horas buscando encuentro un espacio entre cañas de bambú para acampar. No es fácil acceder hasta allí. El camino es revaladizo y estrecho. A un lado el río y al otro la densa vegetación. Cuando he conseguido pasar la bici hasta el bosque de bambú veo al comité de bienvenida. Unos gruesos y largos ciempiés rojos y negros invaden todo el suelo. Se pone a llover. Acampo y cierro bien las cremalleras de la tienda. No quiero visitas.

Empieza el día igual que terminó, lloviendo. Ante la imposibilidad de acampar y el sin cesar de las precipitaciones decido volver a Chengdu.

Paso la última semana callejeando y observando la vida de la ciudad. Igual que en Kaxgar, Lanzhou, Xiahe y los pueblos cercanos a Chengdu, los locales son simpáticos y extrovertidos. La mayoría de turistas en China son chinos. Bicicletas y motos circulan por un carril paralelo al de los coches. Nadie usa casco. Las motos son eléctricas. El tráfico fluye muy bien pese a las constantes infracciones. La comida tradicional servida en locales a pie de calle es deliciosa. Entre uno y dos euros el plato. Sonarse la nariz en público es de mala educación, no lo es escupir ruidosamente. Las mujeres trabajan en la construcción, de mecánicas y camioneras. Grupos de locales hacen taichí en los parques. Pocos hablan inglés. Muy pocos saben dónde está España.

En menos de 24 horas sale mi vuelo hacia Madrid.

 

Fotos Kaxgar

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Lanzhou

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Xiahe

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Chengdu

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Dirección zonas tibetanas de la China

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Posted from Chengdu, Sichuan, China.

3 Comments on “81. China

  1. preciosas fotografías,, y vaya paliza de trenes. Aki esperando tu llegada .un beso muy grande

  2. Moltíssimes felicitats Germán per aconseguir el que t’havies proposat, arribar a la Xina.
    Ha sigut un plaer seguir-te “a distància” en aquesta magnífica aventura per mig món.
    Ens veiem a Sant Feliu.
    Bona tornada a casa.
    Molts petons i records des de Barcelona!!! :)
    Victòria, Albert i Mireia
    P.D.: Molt xul·la la foto dels pandes ;)

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